viernes, 27 de marzo de 2015

La vida eterna, un invento de los faraones

La vida eterna, un invento de los faraones
¿La muerte es el final? Y si no lo es, ¿qué nos depara? La humanidad lleva toda la humanidad, y valga la redundancia, intentando resolver esta cuestión, ya sea mediante concepciones religiosas o filosóficas. Incluso la ciencia, desde que es ciencia, no ha parado de buscar sus propias respuestas. Los estudios al respecto no cesan. Uno de los últimos, hace apenas unos meses, de la Universidad de Southampton, llegó a la conclusión de que la vida seguía después de la muerte. Para ello, los investigadores analizaron 2.000 casos de personas que habían sufrido un paro cardíaco. El 40% de los que lograron sobrevivir relataron que estuvieron conscientes durante la ‘muerte clínica’ y que se sintieron fuera del cuerpo, viendo cómo los doctores intentaban reanimarlos. Algunos de los supervivientes al infarto también coincidieron en describir una luz brillante, como la del Sol, el dios Re de los antiguos egipcios, los primeros que creyeron en la vida eterna, y sin necesidad de informes médicos.
Quizás resulte más que evidente que la gran cultura de la momificación creyera en el más allá, pero hizo más que esto: fue la primera civilización de la historia, y durante mucho tiempo la única, en ganarse el cielo. Después de ellos, en nuestro entorno occidental, ya vendrían los griegos y romanos, en menor medida, y principalmente el cristianismo (con sorprendentes analogías con el antiguo Egipto). Pero ninguna religión posterior concibió una eternidad tan detallada y perfecta como la de los súbditos de Horus.
La exclusiva de la eternidad
Al principio, no obstante, la eternidad fue una cosa de pocos, o más bien de uno: el faraón. Durante todo el Imperio Antiguo (y antes) solo el rey subía al cielo. Es decir, en el transcurso de unos mil años, la eternidad fue una exclusiva del soberano. Eso sí, los egipcios también tenían su lado práctico y una eternidad en soledad, más que un premio corría el riesgo de convertirse en una condena. Por eso, el faraón otorgaba este privilegio a sus más allegados. De esta manera, podrían seguirlo y servirlo en el más allá. Una prueba de esta eternidad delegada la encontramos en las mastabas construidas al resguardo de las pirámides. Sus moradores buscaban así la protección de su faraón en el Duat, el reino de los muertos.
El faraón, no obstante, no pudo mantener eternamente su exclusiva eternidad. En el transcurso de la revolución social que supuso el fin del Imperio Antiguo, hace casi 4.200 años, el logro irreversible del pueblo fue acceder a los derechos religiosos y, muy especialmente, a la vida de ultratumba. Ahora nos puede resultar chocante este interés escatológico (del griego éschatos: último; no confundir con la otra definición), pero en la antigüedad se trataba de una cuestión de vital importancia. Así pues, hasta el más pobre morador de Kemet, la Tierra negra, símbolo de fertilidad, tal y como denominaban a Egipto sus antiguos habitantes, podía convertirse en Osiris, el dios que renacía cada año a partir de la crecida del Nilo. Es decir, el dios de los muertos era, también, el dios de la vida.
Juicio y paraíso
Una vez revelados los secretos religiosos, todos los fallecidos accedían ya, guiados por Anubis, al tribunal de ultratumba, presidido por Osiris. El difunto debía hacer una confesión negativa, tremendamente larga y que entraba en detalles increíbles. “No he cometido crímenes. No he permitido que un servidor fuese maltratado por su amo. No he hecho sufrir a otro. No he provocado el hambre. No he hecho llorar a los hombres, mis semejantes…”. Estas negaciones ayudan a entender la moral sorprendentemente humanista que regía la sociedad del antiguo Egipto. La balanza, que más tarde se convertiría en el símbolo de la justicia, pesaba su corazón. Si se mantenía en equilibrio con la pluma de la verdad (de la diosa Maat), significaba que el difunto era 'justo de voz', es decir, que no había mentido, y podía acceder al reino de los muertos. Si no pasaba la prueba, se las veía con Ammyt, una bestia con cabeza de cocodrilo, piernas de hipopótamo y cuerpo de león, llamada “la devoradora de los muertos”… no hace falta añadir nada más. Solo una cosa: el juicio no discriminaba entre ricos y pobres, poderosos o siervos, ni valían los sobornos o pagos. Solo accedía al reino de Osiris quien se lo había ganado en vida.
¿Y dónde iban a parar los 'justos de voz'? Pues a los campos de Yaru, un término que los griegos adaptarían convirtiéndolo en los campos Elíseos. Yaru se ha traducido tradicionalmente por cañas, pero en realidad se trata de chufas. Por tanto, se puede decir que el presidente de la república francesa vive en un campo de chufas, aunque difícilmente se pase el día bebiendo horchata. Los egipcios, en cambio, sí vivían eternamente en un mundo dulce y goloso. Esos campos nada tenían que ver con los de los griegos, donde vagaban las almas en pena. Ni con el paraíso cristiano, donde no se sabe muy bien qué se hace. El Yaru egipcio era dinámico y sus habitantes se dedicaban eternamente a vivir como lo habían hecho en vida. El campesino seguía siendo campesino, y el faraón, faraón. Eso sí, otra vez sacaron a relucir su sentido práctico y mágico de la vida creando los ushebtis, unas figuritas que se incluían en el ajuar funerario y que acudían a trabajar en nombre de los difuntos. Bien se merecían una buena vida eterna…
Pero no deja de ser curioso que los hombres y mujeres del antiguo Egipto se esforzaran en perpetuar su estilo de vida en el más allá, lo que da a entender que se trataba de una civilización feliz, muy diferente al carácter sumerio, hitita, babilónico, acadio o incluso judío (todos ellos sin paraíso). No en vano, también llamaban a su país Ta meri, es decir, tierra amada.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/cultura/20150305/54428743005/vida-eterna-faraones.html#ixzz3VaxPqURF 

lunes, 23 de marzo de 2015

Descubren la tumba faraónica del "guardían del dios Amón" en Luxor

El mausoleo del llamado "guardián de la puerta del dios Amón", que data de la XVIII dinastía faraónica (1554-1304 a.C.), ha sido descubierto en la ciudad de Luxor, informó hoy el ministro egipcio de Antigüedades, Mamduh al Damati.
El hallazgo es obra de arqueólogos estadounidenses que realizaban excavaciones en la zona de Al Qarna en Luxor, a unos 600 kilómetros al sur de El Cairo.
La tumba, que pertenece a una persona identificada como Amenhoteb, tiene forma de letra T y está compuesta por una primera sala de 5,10 y 1,50 metros de largo y ancho, respectivamente.
Esta sala conduce con dirección al este a otra sala que tiene un pequeño nicho inconcluso y una entrada a una cámara lateral de dos metros cuadrados, que tiene en su centro un pozo.
El pozo puede que conduzca a la cámara mortuoria, según el comunicado de Antigüedades.
El ministro destacó que los muros internos de la cripta están ornamentados con relieves policromados que representan al fallecido y a su esposa frente a una mesa de ofrendas.
Por su parte, el director general de Antigüedades del Alto Egipto, Sultan Aid, dijo que la tumba fue dañada premeditadamente, ya que algunas de sus escenas e inscripciones jeroglíficas fueron raspadas, entre ellos los nombres y títulos del dios Amón y del difunto.
Estas acciones fueron perpetradas durante la revolución religiosa que aconteció durante el periodo del faraón Akenaton, concluyó el responsable egipcio.
Akenatón, conocido también como Amenofis IV, fue uno de los faraones más importantes del Imperio Nuevo (1539-1075 a.C.), por ser el primer monarca que instauró el monoteísmo, desplazando al dios Amón, y eligiendo a Atón.

Fuente: http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=1805855

martes, 17 de marzo de 2015

Las arenas de Luxor desvelan la segunda tumba de un funcionario faraónico en una semana

Detalle de la decoración de la tumba hallada en Luxor.
Dos tumbas en apenas una semana. La misión de arqueólogos estadounidenses que halló hace unos días la tumba de Amenhotep, guardián del dios Amón, ha protagonizado este martes un nuevo descubrimiento formidable. A unos metros del primer enterramiento los egiptólogos se han topado con la sepultura de "Sa Mut" con su muros repletos de hermosas y coloridas estampas que narran la vida y las festividades en la tierra de los faraones.
La tumba de "Sa Mut", con más de 3.000 años de antigüedad, ha sido localizada al este de la tumba TT110 cuyas labores de limpieza sirvieron a la expedición del ARCE (Centro de Investigación Americano en Egipto, por sus siglas en inglés) para dar fortuitamente hace una semana con el enterramiento de Amenhotep, un funcionario del Imperio Nuevo al que los títulos tallados en el dintel de la puerta principal describen como "guardián de Amón".
Los tres enterramientos -situados en Gurna, en la ribera occidental de la actual Luxor- comparten patio, ha informado este martes el ministerio de Antigüedades egipcio en un breve comunicado.
Como la de Amenhotep -también apodado "Rebiu"-, el nuevo hallazgo data muy probablemente de la dinastía XVIII (1.450-1050 a.C.), un período de enorme zozobra en la corte faraónica. Sepultada por los escombros, la tumba de "Sa Mut" guarda entre sus paredes de yeso "estampas con colores muy brillantes" en las que se alternan momentos del día a día con festividades y viñetas del difunto en compañía de su esposa "Ta Khaeet". El plano del lugar tiene forma de T, con una sala transversal y cámaras laterales inconclusas.
Al igual que sucede con la de su finado más cercano, el sitio fue profanado en la antigüedad y sus escenas dañadas deliberadamente. Un expolio y purga que los expertos atribuyen a la campaña de destrucción iniciada por Ajenatón, el monarca que desterró la antigua religión; alentó el monoteísmo por primera vez en la Historia; e impuso el culto a una nueva deidad -el dios solar Atón- con la oposición del todopoderoso clero. Por orden del "faraón hereje", se cercenó la memoria de todo aquello vinculado a Amón.
Los dos hallazgos -calificados de "asombrosos" por el ministerio de Antigüedades- pueden alumbrar una época de transformaciones y memoria mutilada. Según el director de la expedición, el egiptólogo estadounidense John Shearman, "el nuevo descubrimiento junto al de la semana pasada abrirá la puerta a nuevos hallazgos en el futuro que precisarán de más trabajo para desvelar nuevos hechos científicos y arqueológicos".
Su misión completa los descubrimientos firmados durante el último año relacionados con este destacado periodo de la historia. En 2014 un equipo de egiptólogos españoles encontró en Luxor la clave que desentraña los entresijos de la revolución monoteísta. Las inscripciones jeroglíficas halladas en cuatro columnas de la tumba del visir Amenhotep Huy confirmaron la hasta ahora discutida corregencia de Amenhotep III (1387-1348 a.C.) y su hijo Amenhotep IV, el monarca convertido luego en Ajenatón.
El ascenso de Amenhotep III marcó el comienzo de la reforma monoteísta que su hijo completó cuando abandonó Luxor y levantó Tell el-Amarna, a mitad de camino de Tebas y Menfis y dedicada al nuevo culto a Atón. También el año pasado, la misión italoespañola "Min Project" se topó con la tumba de May, un alto funcionario de la dinastía XVIII al que los relieves presentan como un importante estadista encargado de supervisar los caballos, el ganado y los campos del faraón. El descubrimiento fue, como ahora, fruto del bendito azar.

Fuente: http://www.elmundo.es/ciencia/2015/03/10/54ff201ee2704e83538b4578.html

sábado, 7 de marzo de 2015

Sobre el papel de las mujeres en la prehistoria

evolucion
Esta primera semana de marzo se celebra la IV Semana sobre Mujer y Ciencia. La ciudad de Burgos, volcada en las investigaciones sobre la evolución humana por su proximidad a los yacimientos de la sierra de Atapuerca, debate (entre otros tópicos) sobre el papel de la mujer en la prehistoria. No es un tema sencillo, porque el registro arqueológico y el registro fósil carecen de información para extraer conclusiones sobre las labores realizadas por los miembros de los dos sexos. Se acaban de publicar algunos datos que, de manera indirecta, infieren una división de trabajo entre machos y hembras en las poblaciones neandertales. Esta investigación, llevada a cabo mediante la observación de las marcas en los dientes, trata de convencernos de la relación entre esas marcas y el trabajo que podrían realizar hombres y mujeres. No obstante, las diferencias entre las marcas sugieren más sobre la cantidad (intensidad) que sobre la cualidad.
Cuando se aborda la cuestión sobre las posibles diferencias entre las labores realizadas por hombres y mujeres en la prehistoria no podemos evadirnos de mirar a nuestro alrededor y fijarnos en el papel que cumplimos en todas y cada una de la multitud de culturas del planeta. Esta visión actualista no deja de ser engañosa. También resulta tentador echar una mirada hacia los escasos grupos humanos actuales de cazadores y recolectores que aún persisten en el planeta. También nos paramos a pensar en el comportamiento de los chimpancés, buscando una referencia convincente. Con los chimpancés compartimos más del 98 por ciento de nuestro genoma. Sin embargo, no es menos cierto que divergimos de ellos hace unos seis millones de años. Cada linaje ha seguido su propio camino evolutivo y, aunque nuestro comportamiento básico tiene mucho en común con las dos especies de chimpancé, su modelo en relación al rol de machos y hembras podría haberse alejado mucho del que tuvieron los australopitecos o los representantes de cualquiera de las especies del género Homo.
Así que solo nos queda viajar al pasado con nuestra imaginación, dejando la mente en blanco. Una tarea nada sencilla. Este ejercicio tiene que realizarse sin el apoyo de datos empíricos y, por lo tanto, se queda en una mera reflexión basada en la lógica de lo que sabemos sobre la biología de los seres vivos. Para empezar, hemos de asumir que todas las especies (incluida la nuestra) tienen un objetivo común: su perpetuidad. Para conseguir este propósito es necesario conseguir energía (alimentos) para el desarrollo de los individuos que llegarán a tener descendencia. Los padres (ambos) tienen que cooperar en la medida de sus posibilidades para conseguir esa energía.
Por otro lado, no podemos olvidar que, en ausencia de la elevada tecnología médica de la que disponemos en la actualidad, la mortalidad infantil de nuestros ancestros fue siempre muy elevada. La lactancia materna cumplía un papel fundamental en el desarrollo de la inmunidad de los niños, pero la selección natural era implacable con aquellos individuos no aptos para llegar con éxito a la edad reproductora. Este hecho obligaba a las hembras a una maternidad sin descanso. Suena duro, pero tenemos que seguir la lógica de la vida. Con estas premisas, las hembras de todas las especies de nuestra genealogía tuvieron un papel fundamental en la continuidad de las sociedades prehistóricas.
El período reproductor de las hembras ha estado siempre en torno a los treinta años, con independencia de su momento inicial y final. Ese período suponía un gasto energético vital extra, motivado bien por la gestación (34-40 semanas), la lactancia (mínimo de dos años) y el cuidado de los más pequeños. Aunque las madres obtuvieran energía del medio mediante la recolección (frutos, huevos, etc.) o la captura de ciertos animales, es obvio que los machos tuvieron un papel fundamental en la aportación de la energía extra. La defensa de la prole no tuvo porque ser exclusiva de los machos, aunque estos últimos tuvieran posiblemente un papel trascendental en la protección del territorio. La prolongación de la vida más allá de la vida reproductora tenía poco sentido y la longevidad de las especies estaba condicionada por ese hecho. Nada que ver con la situación actual de los países desarrollados.
Todo ello me lleva a pensar en algunos pasajes de la conocida novela “El clan del oso cavernario”, en los que la protagonista sufre con frecuencia la cólera de su pareja. Por supuesto, no podemos viajar al pasado para observar el comportamiento de nuestros antepasados. Sin embargo, pienso que las descripciones de su autora, Jeane M. Auel, estuvieron influidas por el comportamiento actual de lo que denominamos “violencia de género”. Con sinceridad, y a tenor de lo que explicado en los párrafos anteriores, no puedo asumir un comportamiento violento y gratuito de los machos hacia las hembras.
Podemos especular (que no aportar datos empíricos) sobre la predominancia de los machos o de las hembras en las diferentes especies de homininos o sobre su estructura social. Sin embargo, no me cabe duda sobre el papel activo de todos los miembros del grupo, fueran machos o hembras, en la cooperación por el mantenimiento de la especie. La biología nos marcó el camino hasta que la complejidad tecnológica y nuestra expansión planetaria creó la diversidad cultural, incluyendo el papel actual de hombres y mujeres en cada sociedad.

Fuente: http://reflexiones-de-un-primate.blogs.quo.es/2015/03/05/sobre-el-papel-de-las-mujeres-en-la-prehistoria/

sábado, 28 de febrero de 2015

Los antiguos bolivianos disolvían a sus muertos en el complejo ritual de Khonkho Wankane

Sala circular de Khonkho Wankane
Los arqueólogos han hallado una habitación donde se disolvían los cadáveres de los muertos hasta dejarlos en los huesos Sala circular de Khonkho Wankane Sala circular de Khonkho Wankane
En un antiguo complejo ritual en Bolivia, los arqueólogos han descubierto las ruinas de una habitación donde se disolvía los cadáveres, hasta dejarlos en los huesos, en vasijas llenas de chisporroteantes productos cáusticos.
El recinto, que se fundó a finales del siglo I d.C., era conocido como Khonkho Wankane o Qhunqhu Wankani. Se trata de uno de los centros ceremoniales más pequeños aparecidos en las montañas de los Andes, en los alrededores del Lago Titicaca, en los tiempos anteriores a la fundación de la antigua ciudad Tiwanaku, en sus cercanías.
En su apogeo, Khonkho Wankane ocupaba unas siete hectáreas y contaba con al menos tres templos hundidos, varias plataformas grandes, una gran plaza central y un buen número de casas circulares. Entre los años 2005 y 2007, un grupo de arqueólogos dirigidos por Scott Smith, de la Franklin & Marshall College de Pennsylvania, excavaron en el interior de una de esas estructuras redondas, esperando encontrar utensilios típicos del hogar, y se toparon con un conjunto de elementos sorprendentes.
Hallaron un total de 972 pedacitos de hueso, en su mayoría pequeñas piezas de los pies, las manos, los dientes y las rodillas, de unas 25 personas diferentes. Los fragmentos óseos, al igual que unas vasijas cerámicas y herramientas de hueso de llama, estaban cubiertos de una fina capa de yeso blanco. También encontraron en la habitación pequeños bloques calcáreos blancos, que resultaron ser de óxido de calcio o cal viva, pero ¿para qué la usaron?
Si se mezcla el óxido de calcio con agua y se calienta se obtiene un producto altamente cáustico y alcalino. Según Smith, "se puede utilizar como disolvente para deshacer las grasas y los tejidos", así que todos los indicios apuntan a que los especialistas en rituales procesaban los cadáveres en esa habitación de Khonkho Wankane. Seguramente, calentaban la mezcla de agua y cal viva en las vasijas, y la usaban para desarticular y limpiar los huesos de los difuntos.
Cuando la mezcla se exponía al aire dejaba un revestimiento fino de yeso en los huesos, así como en los recipientes de cocción y en herramientas que usaban. Algunos de los huesos y de las vasijas tenían, además, restos de pigmento rojo, lo que sugiere que se pintaban los huesos como parte del tratamiento ritual.
Recientemente se ha sabido, por un análisis de isótopos practicado a algunos huesos y dientes encontrados, que las personas cuyos cuerpos fueron allí procesados no eran locales. Este dato sugiere que la gente visitaba periódicamente Khonkho Wankane con fines rituales, tal vez viajando en caravanas de llamas.
La práctica de este ritual nos puede parecer espeluznante, pero puede que para esta cultura no hubiera una clara distinción entre los vivos y los muertos. Conservar los huesos recubiertos de yeso de los seres queridos, a modo de reliquias, era como seguir conservando su presencia.

Fuente: http://es.blastingnews.com/ocio-cultura/2015/02/los-antiguos-bolivianos-disolvian-a-sus-muertos-en-el-complejo-ritual-de-khonkho-wankane-00286361.html

jueves, 26 de febrero de 2015

Las 16 puñaladas que mataron al faraón Senebkay

Cráneo del faraón Senebkay.
Fue el primer monarca egipcio que falleció en el campo de batalla. Su esqueleto sugiere además el incipiente uso de la equitación en el arte de la guerra.
Unos 3.700 años después de su muerte, el nombre y la existencia del faraón Senebkay emergieron el año pasado de las arenas de Abydos, uno de los principales centros políticos del Alto Egipto a unos 500 kilómetros al sur de El Cairo. El paso por laboratorio de su esqueleto, recuperado y ensamblado pieza a pieza, ha desvelado ahora las brutales puñaladas que acabaron con la vida de un avezado jinete.
"El cuerpo de Senebkay es un gran misterio. Fue brutalmente asesinado en el campo de batalla. El esqueleto sugiere además que su muerte se produjo lejos de su lugar de enterramiento en Abydos", cuenta a EL MUNDO Joseph Wegner, director de la misión de la Universidad de Pensilvania que horada desde hace más de tres décadas el lugar en busca de una necrópolis real del segundo periodo intermedio (1800 a. C. a 1550 a. C.). "¿Quién era el enemigo? Muy posiblemente fueron los reyes hicsos del norte de Egipto", agrega el académico.
El análisis forense -a cargo de María Rosado y Jane Hill, profesoras de la Universidad de Rowan, en Nueva Jersey- ha despejado algunos de los enigmas que suscitó el hallazgo del monarca. "Murió cuando tenía entre 35 y 40 años. Su edad estaba más cercana a la cuarentena por los rasgos que vi en el cráneo, los dientes o la pelvis", señala a este diario la chilena María Rosado, antropóloga forense y coautora del estudio. "Por todo el trauma que detectamos en su cuerpo podemos deducir que murió violentamente. La causa última de su fallecimiento fue el golpe que le dieron en el pariental izquierdo del cráneo con un instrumento muy afilado que aún estamos buscando", detalla.
Senebkay, caído en una emboscada o atacado ferozmente por varios agresores, apenas pudo defenderse. "Salvo un trauma, que fue causado muchos antes de morir y que estaba sanando, los restantes 16 golpes fueron propinados justo antes de morir o en el momento mismo de la muerte. Se asemeja al resultado de un homicidio en Estados Unidos cuando la víctima es agredida y traumatizada antes de morir", confiesa Rosado. La autopsia del rey muestra un reguero de heridas: en el pie derecho; el hueso sacro; en las manos al tratar de defenderse o en la cara.
Protagonista de una muerte terrible, Senebkay es el primer faraón caído en batalla. Hasta ahora el único conocido era Seqenenre Tao, de la dinastía XVII cuyos restos reposan en el Museo egipcio de El Cairo. El ángulo y la dirección de las heridas sugieren que Senebkay, con una altura que oscila entre los 172 y 182 centímetros, se hallaba en una posición más elevada -a lomos de un caballo o encaramado en un carro- en el momento de sufrir el salvaje ataque. "Es uno de los escenarios posibles porque presenta un corte en el tobillo. Pudieron hacérselo para inmovilizarle, bajarle del caballo, arrastrarle y propinarle entonces el resto de incisiones", agrega la experta.
Una vez en el suelo, los agresores le sometieron a una tunda que le causó la muerte fulminante. "Pudo ser cuestión de minutos. Uno de los golpes en el frontal de la cabeza le desvió completamente el hueso y le tuvo que dejar inconsciente en un par de minutos o incluso menos", indica Rosado, que ha hallado además en la anatomía del faraón pistas de su afición ecuestre. "Tiene una pelvis mucho más definida, los músculos de las piernas son extremadamente fuertes y se ve más esfuerzo en el cuerpo", enumera la antropóloga.
Su estatus de curtido jinete es una de las principales conclusiones que examina el equipo de Wegner. "Los esqueletos de Senebkay y de otro rey hallado en el mismo lugar cuyo nombre todavía se desconoce muestran signos de la formación en la guerra y muy significativamente del uso a largo plazo de los caballos", apunta el egiptólogo, quien subraya que el uso de la equitación en la guerra no era común hasta después de la edad de bronce. "Todavía tenemos mucho que aprender sobre los importantes cambios tecnológicos que se producen durante el período de los hicsos y Senebkay está ofreciendo una nueva visión de esta importante época", apostilla.
El descubrimiento de Senebkay -cuyo nombre significa "mi espíritu es saludable" y aparece mencionado en el conocido como papiro de Turín- confirmaría la existencia de la llamada "dinastía de Abydos" defendida por el egiptólogo Kim Ryholt, y dibujaría un Egipto dividido y dominado por reyes fugaces, a menudo militares o extranjeros que eran desalojados del trono apenas unos meses después de su ascenso.
En concreto, la regencia de Senebkay demostraría que una parte del imperio rechazó la invasión de los hicsos, oriundos de Canaán (el territorio que ocupan hoy Palestina y Siria) que tomaron el control del Bajo Egipto a mediados del siglo XVII a.C. aprovechando la crisis interna. "Senebkay reinó alrededor del 1650 a.C. al mismo tiempo que la dinastía XVI con sede en Tebas. Hay al menos otras siete tumbas reales cerca de la suya que pueden pertenecer a otros monarcas de la 'dinastía de Abydos' que gobernaron al margen de Tebas y los hicsos", concluye Wegner.

Fuente: http://www.elmundo.es/ciencia/2015/02/26/54eef891268e3ef2128b457d.html?intcmp=ULNOH002

martes, 24 de febrero de 2015

El uso de los quipus se mantuvo 150 años después de la Conquista

Resultado de imagen para El uso de los quipus se mantuvo 150 años después de la Conquista
“Lo primero, hijo mío, has de pensar bien tus pecados, y hazer quipo dellos”. III Concilio Limense.1583-1584
En 1622 el párroco de Andahuaylillas (Cusco), Juan Pérez Bocanegra –cusqueño y gran conocedor del quechua y el aimara–, escribió un texto que siglos después nos daría luces sobre el uso del quipu durante la Colonia: el quipu confesional. El sacerdote dedicó varias páginas de su “Ritual formulario” a describir cómo los indígenas acudían a confesarse con quipus en los que registraban sus pecados. A Pérez Bocanegra no le agradaba tal práctica. Había descubierto que sus parroquianos reutilizaban los cordeles en diferentes situaciones y, a veces, incluso se los prestaban a otros.
La historia de Pérez Bocanegra nos ayuda a entender los usos de los quipus después de la Conquista. Las investigaciones más recientes nos revelan que el empleo de estos instrumentos no solo comenzó antes del Estado Inca, sino que se prolongó durante la Colonia. Se creía –y así se continúa enseñando en algunas escuelas– que los españoles suprimieron todos los quipus y que persiguieron a los quipucamayoc, pero en los últimos años se han descubierto documentos que iluminan la historia de este medio en los siglos XVI y XVII.
LA VERSIÓN COLONIAL
¿Cuánto más sabemos hoy de los quipus? Hay más certezas, pero también más preguntas. “Tenemos que reconfigurar la idea de que los quipus se usaron solo durante el período inca. Su uso se extendió hasta 150 años después de la llegada de los españoles. Hay documentación que señala que también se utilizaban en los tribunales, en la mita, las encomiendas y las cuentas nacionales”, precisa el historiador Marco Curatola, profesor de la Universidad Católica y uno de los editores del libro “El quipu colonial”, que recoge los más importantes y recientes estudios alrededor de estos.
Las investigaciones mencionan que las décadas anteriores y posteriores al III Concilio de Lima (entre 1582 y 1585, cuando se definieron los asuntos de la evangelización indígena) los quipus tuvieron gran aceptación inicial como ayuda para aprender oraciones y recordar los pecados antes de la confesión.
Según el estudio del profesor Galen Brokaw, si bien el número de referencias a los quipus en documentos oficiales se reduce dramáticamente a partir de 1583, “existen muchas evidencias de que hubo continuidad en el uso de estos instrumentos en la administración de comunidades locales”. Brokaw señala que incluso en 1639 varias comunidades indígenas incluían en su organización el puesto oficial de quipucamayoc.
Según el especialista, aun cuando el III Concilio de Lima prohibió el uso de quipus, estos continuaron siendo útiles. ¿Entonces por qué dejaron de usarse? “La caducidad de este medio se debió más a la difusión del alfabetismo y al deterioro de las instituciones socioeconómicas tradicionales que a la supuesta prohibición universal de este medio”, concluye Brokaw.
PRUEBAS DE CARBONO
Hay certezas alrededor de los quipus. Se sabe que era un sistema muy sofisticado de contabilidad y memoria de hechos históricos de los incas. Se sabe también que el sistema de cuentas era decimal, pero lo que no sabemos es qué registran: “No sabemos si se refieren a animales o a otra cosa. Eso falta responder y en ese tema cada especialista tiene su opinión”, dice José Carlos de la Puente, otro de los editores del libro de la PUCP.
Un gran problema a la hora de analizar estos instrumentos ha sido la falta de contexto arqueológico. La mayoría de quipus fueron saqueados y terminaron en manos de coleccionistas privados.
Entre América y Europa se han contabilizado 734 ejemplares. La colección más grande de quipus está en Alemania: el Museo Etnográfico de Berlín tiene 350. Adicionalmente, se calcula que en colecciones privadas puede haber otros 200.
Durante años se ha creído que estos quipus eran incas, pero las pruebas de radiocarbono hechas a 13 de estos ejemplares –analizadas por Elmo León, investigador del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú– muestran que la mayoría provendría de la época colonial. Para Curatola y De la Puente, les resulta sorprendente que “ninguno de los cordeles hasta ahora fechados haya resultado pertenecer a ciencia cierta al tiempo del Tahuantinsuyo”.
Además de estos resultados, ahora se sabe que de los cientos de ejemplares de quipus hoy existentes, ninguno proviene del corazón del Estado Inca, el Cusco. La mayoría procede de la costa peruana, y de ellos, 133, de Pachacámac. “No es que no hayan existido quipus de la época inca, solo que estos no habrían resistido el paso del tiempo”, aclara Curatola. En la costa, la ausencia de lluvias y la aridez del subsuelo sí habrían permitido la conservación de estas piezas.
EL QUIPU ROSETTA
Uno de los esfuerzos más ambiciosos –y el más importante en este momento– para estudiar los quipus está en Estados Unidos. El Khipu Database Project, auspiciado por la Universidad de Harvard, tiene una detallada base de datos sobre la estructura, color y número de 600 ejemplares estudiados. Su director, Gary Urton, es el experto en quipus más importante del planeta.
Uno de los últimos estudios de este proyecto revela lo que podría significar –de confirmarse la hipótesis– el hallazgo de un quipu rosetta (en alusión a la piedra que permitió comprender los jeroglíficos egipcios): un quipu cuyos nudos muestren correspondencia con un documento de la época colonial.
Urton explica que durante ese período los españoles llamaban a los quipucamayoc para que leyeran sus quipus mientras que un intérprete traducía al castellano y un escribano tomaba registro de las cuentas y memorias del Estado Inca. Entonces, si había quipus transcritos al castellano habría que encontrar un ejemplo de esta transcripción.
Y Urton cree haberlo encontrado. Ha hallado un documento que registra el tributo que debían pagar los pobladores de una comunidad del valle del Santa. Simultáneamente, en el Museo Temple Radicati de la Universidad San Marcos ha encontrado seis quipus procedentes de esta zona cuyos hilos están organizados en 132 reparticiones, que coinciden precisamente con los 132 nombres que aparecen en el documento. Aunque aún no hay certezas sobre el hallazgo, el equipo del proyecto espera que la investigación pueda dar muchas más luces para entender la estructura narrativa.
Las crónicas hablan no solo de quipus contables, sino también de aquellos que narraban los mitos y las hazañas históricas de las familias reales. ¿Estamos lejos de entender estos quipus narrativos?, le preguntamos al profesor Curatola. “Honestamente quisiera que se encuentre la clave. ¿Cuándo se podrá lograr eso? No lo sabemos. No creo que sea en un tiempo breve”, dice, y se sorprende: “Lo más extraño de todo es que teniendo cronistas tan brillantes en ese período, ninguno nos dejó una explicación de cómo funcionan”.
Las investigaciones hurgan en las historias que estos nudos encierran. Comprenderlas, como dicen los investigadores, nos permitirá conocer no solo “los pormenores de la organización administrativa del más grande imperio de la América antigua, sino también las circunstancias de la vida económica, social y religiosa de los pueblos andinos durante la Colonia”.
USO EN LA ADMINISTRACIÓN ANDINA
CIENTOS DE CORDELES
Los quipus se fabricaban con fibras de algodón o camélido, hiladas y retorcidas. Contienen entre uno y 1.500 cordeles colgantes. El número promedio de estos cordeles en los ejemplares analizados por el proyecto de investigación de la Universidad de Harvard es de 84. Los nudos, por lo general, son de tres tipos distintos.
LAS CUATRO OPERACIONES
Las operaciones aritméticas y matemáticas usadas por los contadores incas incluían la suma, resta, multiplicación y división. El tributo inca tenía la forma de un impuesto laboral que se aplicaba a todos los hombres de buena salud, entre los 18 y 50 años.
EL EJEMPLAR CONFESIONAL
El texto que escribió en 1622 el sacerdote Juan Pérez Bocanegra, “Ritual formulario”, publicado en 1631, contiene mucha información sobre cómo observar los usos que los indígenas cusqueños daban a los quipus confesionales.
NORMA DEL VIRREY TOLEDO
Entre 1570 y 1581, el virrey Francisco de Toledo incorporó oficialmente el quipu al sistema administrativo del Virreinato. Diversos documentos analizados señalan que, a pesar de la prohibición de la Iglesia Católica, los quipus continuaron utilizándose en la administración de las comunidades andinas.

Fuente: http://elcomercio.pe/peru/lima/uso-quipus-se-mantuvo-150-anos-despues-conquista_1-noticia-1557416